Jul 27 2006
INVESTIGACIONES
Diez formas por las que la especie humana podrÃa desaparecer
La especie humana lleva habitando en la Tierra más de 500.000 años. Quizá parece mucho tiempo, pero en la escala geológica es, en realidad, un periodo breve. ¿Qué probabilidades existen de que podamos sobrevivir otros 500.000 años en nuestro planeta? He aquà una lista con 10 formas que significarÃan el fin del mundo.Â
por Rosa Gil
El impacto de un asteroide. En la última versión del fin del mundo que se ha hecho popular en Hollywood, un asteroide o un cometa choca contra nuestro planeta. Sin duda, existen pruebas cientÃficas fiables de que asteroides enormes se estrellaron contra la Tierra en tiempos remotos: hace 3.900 millones de años, un mortÃfero bombardeo de desechos estelares cayó sobre la Tierra y la Luna, lo que dio lugar a la evaporación de los océanos y la creación de cráteres del tamaño de continentes. Más recientemente, hace cosa de 250 millones de años, una catástrofe mundial hizo desaparecer casi todas las especies del planeta.
Si bien la causa no ha quedado establecida de forma concluyente, el reciente descubrimiento de un cráter de i20 kilómetros de diámetro en Australia aporta credibilidad a la teorÃa de que un asteroide cayó sobre la Tierra en tiempos más recientes. Y el descubrimiento del cráter Chicxulub en Yucatán parece indicar que el impacto de un asteroide causó la extinción de los dinosaurios hace 65 millones de años.
Por supuesto, estos acontecimientos que ocurrieron hace millones de años no significan que la vida en la Tierra corra un peligro inminente. Pero lo cierto es que sólo basta un asteroide de entre i0 y i5 kilómetros de diámetro para desencadenar “un proceso de extinciónâ€: las enormes tormentas de fuego que surgen tras el impacto convierten la atmósfera en un horno, y el posterior enfriamiento del globo pone fin a casi todas las formas de vida del planeta. Según las pruebas de las que disponemos, un acontecimiento de esta naturaleza podrÃa ocurrir más o menos cada 250.000 años.

Explosiones de rayos gamma. ¡Una lluvia de rayos mortÃferos proveniente del espacio exterior! Los astrónomos no saben a ciencia cierta por qué ocurre, pero, de vez en cuando, una estrella desconocida estalla con tanta fuerza que por un momento eclipsa el resto del universo. Es lo que llamamos una explosión de rayos gamma (GRB: Gamma Ray Burst). De producirse a una distancia de i.000 años luz, su luminosidad serÃa i0 veces mayor que la del Sol a mediodÃa. Incluso a esta distancia, más lejos que todas las estrellas visibles de noche, los rayos X y gamma que emita podrÃan cocinar nuestra atmósfera y destruir la capa de ozono. Sin la capa de ozono, la luz ultravioleta del Sol caerÃa con toda su fuerza sobre la superficie de la Tierra y, a la larga, extinguirÃa a la raza humana. Si ocurriera a 300 años luz de nuestro planeta, la explosión de rayos gamma inundarÃa el sistema solar con tal cantidad de energÃa que eliminarÃa al instante toda forma de vida. Afortunadamente, son fenómenos que se producen en galaxias lejanas. Pero el hecho de que se sepa tan poco de ellos significa que los cientÃficos no pueden descartar que ocurran en nuestros alrededores galácticos.

Agujeros negros errantes. Otro de los fenómenos predilectos de la ciencia ficción, aunque, una vez más, su existencia está basada en hechos cientÃficos. No pueden verse; sin embargo, su fuerza de gravedad es tan intensa que se tragan todo lo que encuentran en su camino. Los agujeros negros son estrellas que han sufrido un colapso gravitatorio; en una época, se pensaba que eran extremadamente raros, pero estudios recientes sugieren que sólo en nuestra galaxia podrÃa haber millones de agujeros negros. Antes, se pensaba que trazaban una órbita alrededor de las galaxias, como hacen las estrellas.
No obstante, los astrónomos han detectado agujeros negros errantes que vagan sin rumbo fijo entre las estrellas. Si alguno de ellos se dirigiera hacia la Tierra, habrÃa poco tiempo para detectar su aproximación. Como son invisibles, estos agujeros negros sólo podrÃan detectarse por el efecto gravitacional que ejercen sobre los planetas más distantes del sistema solar. Si se acercaran a la Tierra, los astrónomos podrÃan observar cómo se van tragando los asteroides, los planetas más lejanos y luego Marte.
Aunque no llegaran a engullir la Tierra en un remolino cósmico, la enorme fuerza de gravedad de estos agujeros errantes podrÃa destruir a la raza humana desplazando nuestro planeta de su órbita. Si nos empujara hacia el espacio exterior morirÃamos congelados; si nos acercara al sol, perecerÃamos abrasados.

Erupciones solares gigantescas. Nos encontramos en el punto culminante del ciclo de actividad del Sol, que dura ii años. Cada semana, las tormentas magnéticas que se producen en el Sol lanzan ráfagas de partÃculas energéticas al sistema solar. Al llegar a la Tierra, estas partÃculas causan subidas de tensión, interferencias y brillantes auroras boreales. Pero su efecto podrÃa ser mucho más grave.
Las estrellas aparentemente normales como el Sol pueden aumentar su luminosidad en más de un cien por cien en cuestión de horas. Se cree que esto es debido a erupciones gigantescas, explosiones millones de veces más intensas que las erupciones normales que despiden partÃculas energéticas al espacio interestelar. Es más, al parecer, constituyen un comportamiento normal de las estrellas como el Sol, pues en casi todas se han producido erupciones gigantescas en los últimos cien años.
Una erupción solar gigantesca tendrÃa efectos catastróficos en la raza humana. Tras una de estas explosiones, la atmósfera, que nos protege de las erupciones normales, se encenderÃa como una bombilla fluorescente. Al cabo de unos segundos, el torrente de partÃculas energéticas destruirÃa la mitad de la capa de ozono del planeta. A continuación, se elevarÃa la temperatura de la atmósfera y se fundirÃan los casquetes polares. Tras la destrucción de la capa de ozono, la vida desaparecerÃa de la Tierra al cabo de varios meses.
El aspecto positivo es que no existen pruebas históricas de que en el Sol se haya producido una erupción de esta magnitud en la misma escala temporal en que se han registrado en estrellas otras similares. Por ahora la raza humana puede respirar tranquila, pero o bien el Sol es una estrella muy estable o sólo está esperando el momento oportuno para estallar.

Supervolcanes. Hace alrededor de 200 millones de años, en lo que hoy es Siberia, una gigantesca columna de rocas fundidas surgió a través de la corteza terrestre. Enormes volcanes rugieron durante varios cientos de años y al final destruyeron el 95% de todas las especies del planeta.
Ésta es la explicación geológica de lo que se ha dado en llamar la extinción de las eras Permiana y Triásica, el más mortÃfero acontecimiento en la historia de la Tierra… hasta la fecha. A diferencia de sus numerosos parientes pequeños, los supervolcanes son muy raros, y se producen quizá cada 50.000 años. Pero cuando estallan lo hacen de verdad: pueden arrojar más de un millón de kilómetros cúbicos de lava y de residuos a la atmósfera.
Aparte de los residuos, también producen nubes de gases de cloro y lluvia ácida, cuyo efecto serÃa la desaparición inmediata de toda la vida vegetal del planeta. Los supervivientes, y el reino animal, al final sucumbirÃan a causa del posterior invierno global, que se prolongarÃa durante décadas.
Los supervolcanes no son montañas, sino depresiones, enormes cráteres colapsados llamados calderas. Suelen encontrarse a lo largo de las llamadas zonas de subducción, puntos donde las placas tectónicas del planeta se solapan, como el anillo de fuego del PacÃfico. La caldera que se encuentra debajo del parque nacional de Yellowstone mide 2.i00 kilómetros cuadrados, y al parecer está entrando en actividad lentamente.

Plagas mundiales. ImagÃnense un virus tan contagioso como el resfriado y letal como el sida. Es el gran temor de los epidemiólogos: un virus emergente que produzca una mortalidad del cien por cien en los humanos y se extienda tan rápidamente que impida desarrollar un tratamiento capaz de atajarlo a tiempo.
Una vez más, no se trata de ciencia ficción, sino de un posible hecho cientÃfico. Las epidemias ya han diezmado en otras ocasiones a la raza humana: la peste mató en la Edad Media a una cuarta parte de la población de Europa; la gripe, en i9i8 y i9i9, causó más muertos que la Primera Guerra Mundial; y hoy en dÃa el virus del sida está haciendo estragos en los paÃses africanos.
En este siglo existen más probabilidades que en cualquier otro de que se declare una epidemia mortal en el mundo. Los humanos están trastocando el equilibrio ecológico: tanto el VIH como el virus del Ébola, que surgieron en los años ochenta, han sido consecuencia de las incursiones del ser humano en territorios anteriormente deshabitados. Además, gracias al transporte aéreo, un virus emergente podrÃa expandirse a cualquier parte del planeta en sólo un dÃa.
No sólo los virus naturales desconocidos quitan el sueño a los epidemiólogos. La biotecnologÃa permite la modificación de cualquier virus, e incluso la creación de virus nuevos que quizá no puedan contenerse.

El calentamiento terrestre. La temperatura de la Tierra está aumentando. La mayorÃa de los más prestigiosos cientÃficos del mundo está de acuerdo en que esto se debe en parte a los seres humanos. Aunque a corto plazo el recalentamiento del planeta no amenaza directamente la supervivencia de la raza humana, la combinación de factores como la contaminación, las condiciones meteorológicas extremas, las inundaciones, la desertización, los cultivos transgénicos, las sequÃas, la destrucción de ecosistemas y millares de cambios provocados por el Hombre podrÃan convertir la Tierra en un lugar poco apto para ser habitable.
Ya existen indicios de que si continuamos ensuciando nuestra propia casa, es posible que, a largo plazo, nuestros descendientes tengan que trasladarse a otro planeta.
Aunque los sistemas naturales de la Tierra –los océanos, los casquetes polares y la atmósfera – son enormes y cambian muy lentamente, los datos históricos indican que el planeta nunca ha sido tan habitable para los humanos. Aparte de las eras glaciales, que han convertido la Tierra en un lugar inhóspito incluso para especies más curtidas y resistentes que la nuestra, también se sabe que los océanos han sido estériles durante miles de años. Y si no hay vida en los océanos, tampoco puede haberla en tierra firme.
Nadie sabe cuáles pueden ser los efectos a largo plazo del recalentamiento del globo terráqueo, aunque contamos con el ejemplo de otro planeta: Venus, donde un descontrolado efecto invernadero ha producido una atmósfera ácida y ha elevado la temperatura en el suelo hasta los 500 grados.

Guerra nuclear mundial. Estados Unidos y Rusia disponen de más de 20.000 armas nucleares en diversos estados de alerta. Si sólo una fracción de las mismas se utilizara en un ataque de cólera –alrededor de 7.000 armas nucleares podrÃan dispararse en menos de i5 minutos–, las tormentas de fuego desatadas tras su detonación crearÃan una cortina de cenizas, polvo y hollÃn que a su vez producirÃan un invierno nuclear que se prolongarÃa varios años. Si la atmósfera se oscureciera, la luz del Sol no podrÃa penetrar hasta la superficie del planeta y, como consecuencia, todas las plantas morirÃan lentamente. Es posible que algunos grupos de humanos consiguieran sobrevivir, pero la raza misma se extinguirÃa.
¿No será este escenario un producto trasnochado de la paranoia que se vivió durante los momentos álgidos de la Guerra FrÃa, hace tres décadas? En absoluto. Es el actual equilibrio de poder en el mundo, según el prestigioso Bulletin of the Atomic Scientists. Y ninguno de los dos bandos tiene previsto reducir sus fuerzas nucleares: Rusia continúa desplegando misiles avanzados y móviles, capaces de alcanzar Europa y Estados Unidos, mientras que éste último, por su parte, está mejorando sus sistemas de navegación para que sus misiles puedan atacar objetivos con una precisión sin precedentes, de apenas cien metros.
Si bien nadie cree que alguna de las superpotencias comience deliberadamente una guerra nuclear, es posible que ocurran accidentes. Por otro lado, la situación es cada vez más inestable ante el creciente número de paÃses que disponen de armas nucleares; al grupo de Gran Bretaña, Francia, Israel y China se han unido recientemente India y Pakistán. Corea del Norte, Irán e Irak podrÃan hacer lo mismo en los próximos i0 años.

Los robots se hacen con el poder. Es prácticamente una perogrullada en ecologÃa afirmar que una especie biológica casi nunca sobrevive a un encuentro con un competidor superior. El hecho se ha confirmado en el reino vegetal y en el reino animal, y fue lo que le ocurrió al hombre de Neanderthal, pariente primitivo de los seres humanos de hoy en dÃa.
Hasta la fecha, los Homo Sapiens nunca han tenido que enfrentarse a una especie superior en el planeta. Pero quizá estemos a punto de crearla. En laboratorios de todo el mundo ya hay robots dotados de inteligencia artificial que se arrastran, caminan y se comunican. A la larga, serán suficientemente sofisticados para organizarse y reproducirse… sin ayuda de su creador, o lo que es lo mismo, prescindirán del ser humano.
Como están concebidos para tener más aptitudes que los seres humanos –pueden sobrevivir en otros planetas o en el fondo del mar–, inevitablemente serán cada vez más capaces. De hecho, es posible que en el futuro lleguen a preguntarse: “¿Para qué necesitamos a los humanos?â€.
La distopÃa de la robótica del futuro es uno de los temas más frecuentes de la ciencia ficción: en las pelÃculas de Terminator los robots se rebelan contra sus amos humanos; el colectivo Borg de Star Trek absorbe a los humanos en una especie de enjambre robótico y biológico a partes iguales. Pero una vez más, la ficción podrÃa convertirse en realidad cientÃfica. De hecho, algunos destacados expertos en robótica creen que los descendientes de los robots de hoy en dÃa llegarán a reemplazarnos.

El Sol se convierte en supernova. Cuando una estrella muere, lo hace produciendo una enorme explosión: su centro experimenta un colapso gravitatorio y luego estalla a una velocidad de hasta 50 millones de kilómetros por hora. Es lo que llamamos una supernova, una de las explosiones más potentes que pueden producirse en el universo. Afortunadamente para la raza humana, las supernovas suelen ocurrir en galaxias lejanas; la última que se observó en nuestra galaxia se produjo hace 400 años. Sin embargo, existe una supernova que sin lugar a dudas destruirá la Tierra: la de nuestro propio Sol.
A diferencia de las nueve anteriores catástrofes que podrÃan extinguir la raza humana, ésta última es un hecho seguro. Dentro de unos 5.000 millones de años, el Sol habrá agotado su reserva de hidrógeno. Tras el colapso inicial de su centro, una bola de fuego recorrerá todo el sistema solar, y Venus y la Tierra quedarán carbonizados.
En cuanto a la raza humana, probablemente no estaremos aquà para presenciar este cataclismo. 5.000 mil millones de años es un tiempo muy largo: para entonces ya nos habremos extinguido o convertido en otra especie, o quizá incluso hayamos abandonado la Tierra para instalarnos en otros planetas.
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Fuente: El MundoÂ
















Julio 27th, 2006 5:11 pm
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